La gracia es no tener la gracia de los demás
Cuando era chico no salía mucho a la calle como los demás niños, más bien me lo pasaba encerrado en mi pieza desarmando mis juguetes, mirando monos animados y jugando a que era un militar que disparaba rayos láser con su pistola de Lego. En la escuela nunca saqué un primer lugar, ni un segundo, ni un tercero, fui un alumno regular y malo para la pelota, porque mientras todos jugaban su pichanga, yo hacía barcos de papel en la pileta o leía Papelucho.Mi profesora estaba preocupada, porque nunca seguía al resto, hacia lo que yo quería. Pero también decía que era un alumno rebelde, y que si bien no era el mejor aprendía rápido. Y aunque yo quería ser el mejor alumno, nunca podía serlo. Así que me olvidé de la idea de lograr un lugar. Y ahí es cuando me gané un concurso de poesía sin saber escribir poesía, luego un concurso de dibujo sin saber dibujar tan bien como otros compañeros. Pero nunca me di cuenta de la importancia de eso.
Pasó el tiempo y noté que nunca he sido el mejor en algo por iniciativa propia. Siempre lo he intentado, pero nunca he logrado sentirme realmente conforme con lo que hago. Hasta que llegué a la universidad, y ahí me di cuenta de que entre menos mateo era, mejor me iba. De que entre menos estudiaba, mejor nota me sacaba, porque podía escribir enormes respuestas sin que tuviera nada que ver con el texto que entregaba el profesor, y que era algo así como mi propia visión de las cosas sin importar los demás. Y si me equivocaba, daba lo mismo. Y aun así saque la mejor nota de mi generación en el proyecto de titulo.
Por Néstor Carrasco L. / ZappingDigital.com
Etiquetas: Enfoques, Experiencia, Oportunidades
